La Ecología del Bambú

viernes 12 de julio de 2019 (se publicó en Perla Negra)
La Ecología del Bambú
Economía sostenible
La cosecha del bambú es una práctica tradicional, pero sólo recientemente se está viendo como un modo de impulsar la economía local mediante plantaciones sostenibles. No en vano, su siembra no sólo ayuda a luchar contra el cambio climático al aumentar la absorción de CO2 sino que proporciona materia prima idónea para transformar en un sinfín de objetos o para emplear en la construcción.
Su rápido crecimiento también permite una rentabilidad más temprana. La inversión que se realiza obtiene en unos pocos años un retorno que vuelve a repetirse cada ciclo, por lo que el rendimiento es constante. En especial, porque además a partir de esa materia prima se pueden producir objetos de valor agregado que aumentan su valor de cara a la exportación.
En este sentido, también hace florecer industrias de transformación en las mismas regiones. Se trata, en suma, de un sector que puede completar el ciclo fácilmente sin salir de un concepto de economía local, desde la siembra hasta la manufactura.
Bambú, la madera ecológica - Economía sostenible
Un material muy versátil
Aún así, la transformación del bambú en muchas ocasiones se lleva a cabo en puntos muy lejanos de donde se realizó la cosecha, un elemento a tener en cuenta a la hora de valorar la huella de carbono. E igualmente, conviene considerar qué tipo de pegamentos y materiales se usaron, pues a menudo se abusa de productos tóxicos de composición química que restan valor ecológico al producto.
La versatilidad del bambú es tal que casi resulta más fácil qué objetos no podemos hacer con él que enumerarlos todos: bicicletas, fundas de ordenador portátil, alfombras, muebles, cascos, biombos, muebles de todo tipo, cuencos, platos, objetos de decoración y un largo etcétera que, por otra parte, no cesa de aumentar.
Como material de construcción, el bambú se ha utilizado tradicionalmente para hacer viviendas de bajo costo, si bien no faltan las demostraciones arquitectónicas que evidencian su gran potencial para realizar obras de auténtico lujo. En este campo, todavía hay mucho que descubrir sobre lo que puede aportarnos para construir viviendas para clases medias.
Del mismo modo, la lufa o luffa también es una alternativa a la madera, mucho más desconocida que el bambú pero igual de respetuosa con el medio ambiente, si bien sus posibilidades son más reducidas.
Muy probablemente la conozcas por las esponjas de baño que se comercializan de este material por su efecto peeling. Por si lo desconocías, la lufa es el fruto de una planta curcubitácea originaria de la India. Crece de forma salvaje, tiene la forma de un calabacín de gran tamaño y está formado por una densa red de fibras.
Bambú, la madera ecológica - Un material muy versátil
Conclusiones
Sin embargo, de forma genérica, el bambú gana en número de ventajas verdes. Destaca su rápido crecimiento (se cosecha cada cuatro o cinco años), lo que no le impide crear complejos y vigorosos sistemas de raíces que ayudan a combatir la erosión del suelo.
A su vez, en tierras erosionadas, la plantación de bambú ayuda a recuperarlas, pues cuando se talan no se corta la base, además de propiciar ecosistemas ricos en fauna que actuan de potentes sumideros de carbono. Y, sí, es cierto, los bosques también son sumideros de carbono, pero el bambú absorbe CO2 de forma más rápida que los árboles.